jueves, 20 de mayo de 2010

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Hoy vamos a colgar un artículo que personalmente me pareció bastante interesante con respecto a la violencia dentro del deporte. El artículo es de Borja Hermoso y lo hemos sacado de su propio blog ``Versión muy original´´, un blog dedicado al cine. Y es que recientemente ha sido presentado en el festival de Canes el documental ``Los dos Escobar´´ que refleja la violencia en Colombia. Os dejamos con el artículo:

Fútbol, droga y muerte en Colombia

Por: Borja Hermoso

Mundial de 1994, Estados Unidos. Partido Estados Unidos-Colombia. Un tiro desde lejos de un delantero norteamericano. Un chut banal, como tantos durante un partido, un balón destinado a la nada. El defensa Andrés Escobar, capitán de la selección colombiana, se lanza al despeje pero la mala suerte -¿el destino?- obliga a su pierna a introducir el balón en su propia portería. Gol. Un gol que le iba a costar a Andrés Escobar un precio alto: la muerte.
Colombia, que se había plantado en el Mundial como una de las favoritas después de una fase de clasificación portentosa (“Colombia es mi favorita para el título”, había dicho Pelé días antes) quedaba eliminada. Se iban al traste las ilusiones de todo un país. Los sueños de que la utopía de una cohesión nacional a través del fútbol –ricos y pobres, guerrilleros y ‘contras’, gobierno y oposición, cartel de Medellín y cartel de Cali, todos unidos por espacio de un campeonato- acabase convertida en gesta deportiva para un país acostumbrado a perder. Y con la frustración volvió la muerte, en concreto la del capitán de la selección, fulminado a tiros a la salida de una discoteca al volver del Mundial. También, las amenazas de muerte contra sus compañeros de equipo, aquellos futbolistas plagados de talento llamados Valderrama, Faustino Asprilla, ‘El tren’ Valencia…

El documental ‘Los dos Escobar’, de los estadounidenses Jeff y Michael Zimbalist, pone los pelos de punta. Presentado fuera de concurso en el Festival de Cannes, su historia es la de las inevitables aunque asquerosas concomitancias entre la acción ‘humanitaria’ (por así decir) del rey de la droga, Pablo Escobar, y la cimentación de ese sueño nacional a partir del fútbol. En una Colombia destrozada por la miseria y por su prolongación, la delincuencia, el sanguinario y carismático capo del cartel de Medellín supo accionar a principios de la década de los 90 los mágicos resortes de la demagogia populista –y del terror, no se olvide- para aparecerse ante el pueblo como un verdadero mecenas.

Así, Escobar construyó campos de fútbol allí donde había andurriales infrecuentables, costeó las millonarias fichas de los mejores jugadores sudamericanos para que recalaran en las filas de su equipo preferido, el Nacional de Medellín (al que convirtió en inesperado ganador de la Copa de Libertadores, la ‘Champions’ sudamericana) y, gracias a lo que muchos acabaron denominando ‘narcofútbol’, lavó su imagen, fue bendecido por amplios segmentos de las clases populares y pudo ser elegido miembro de la cámara de representantes de la nación. Es decir: impunidad total.

A través de más de 150 horas de material de archivo y de una treintena de entrevistas con políticos (incluído el ex presidente César Gaviria), futbolistas (Valderrama, Asprilla, el estrafalario portero René Higuita, amigo personal de Pablo Escobar, el propio Andrés Escobar o el seleccionador nacional Pacho Maturana…), sicarios (como ‘Popeye’, el sanguinario brazo derecho de Pablo Escobar, que habla desde la cárcel y cuenta cómo un día, en pleno acoso policial, el capo, que tenía un pinganillo en la oreja, le gritó: ‘¡Popeye, Popeye, gol de Colombia!’) y familiares de los afectados (como la hermana o la novia del futbolista asesinado), los hermanos Zimbalist, que ya se habían asomado en otra película, ‘Favela Rising’, al universo de las favelas brasileñas, tratan de exponer su tesis: todos los que en Colombia vivían del fútbol de cerca o de lejos sabían y toleraban lo que estaba pasando; que parte del dinero del narcotráfico iba a parar al fútbol. Era por el bien de un país en ruinas, decían. Hasta que la muerte de Andrés Escobar sirvió de ejemplo y puso punto final al noviazgo del ‘narcofútbol’. Desde entonces, se asegura en ‘Los dos Escobar’, droga y fútbol viven en Colombia el más irrompible de los divorcios…


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